San Francisco, sentimientos encontrados
Estar en paro te permite ciertos privilegios. Por ejemplo, si un plan no sale como estaba previsto, siempre puedes coger el toro por los cuernos. Me explico. Me metí de lleno en un viaje organizado por un abogado a San Francisco, la ciudad estadounidense que ya visité con mi familia hace unos 15 años. Por 1.000 euros, reservé por mi cuenta los vuelos y el hotel, los mismos que la expedición de letrados, miembros de un bufete madrileño, había contratado con una empresa de viajes. Cuando faltaban diez días, el capitán del grupo me comunicó por WhatsApp que nadie iría. "Y qué hago yo solo en San Francisco", le solté. Él contó que, si yo quería, seguía en pie la entrevista con el alcalde de la ciudad y heredero de la marca de pantalones Levis Strauss. Pero se me quitaron las ganas. Con lo poco que siempre me han gustado los políticos, seguramente no estaría a gusto. Es cierto que podríamos haber hablado de Trump, del ICE o del fetanilo, ese fármaco analgésico tan dañino. Sin emb...



